Lo Que Este Guardia Vio Entre Las Tumbas Le Cambió La Vida Para Siempre - Historias De Terror - REDE
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Speaker 2: Trabajé como guardia nocturno en un panteón durante varios años.
Éramos dos por turno. Uno se quedaba cerca de la
entrada y el otro hacía los recorridos. Pero para entrar
a la parte vieja teníamos que ir juntos. También nos
habían dejado claro que si encontrábamos a alguien dentro después
del cierre o escuchábamos algo fuera de lo normal, debíamos
avisarnos antes de acercarnos. Yo conocía esas reglas y las
había escuchado muchas veces. Aunque en ese tiempo no siempre
las tomaba con la seriedad que debía. La noche en
que ocurrió todo estaba trabajando con Pedro, un compañero que
llevaba más años que yo en el panteón. Habíamos pasado
varias horas sin novedad cuando escuchamos unos golpes en la
parte vieja. Los dos volteamos hacia el mismo lado y
nos quedamos atentos. Pedro me dijo que esperara, que terminaría
lo que estaba haciendo y entraríamos juntos. Yo le respondí
que solo iba a acercarme para ubicar de dónde venía
el ruido, pero él insistió en que no fuera solo.
Aún así, tomé la lámpara, el radio y el bastón,
y me fui antes de que pudiera acompañarme. Caminé por
el pasillo principal sin ver nada fuera del lugar. Seguí
avanzando hasta que escuché otro golpe y me detuve. Miré
entre las tumbas y distinguí varias luces pequeñas. Estaban juntas
y no se movían. Entonces vi que eran velas. Le
avisé a Pedro por radio y él volvió a pedirme
que regresara. Le dije que iba a revisar desde lejos
y que enseguida volvía. Luego seguí caminando. Me acerqué por
uno de los pasillos laterales, hasta encontrar un punto desde
donde podía mirar sin que me vieran. Me quedé detrás
de un mausoleo y vi a un hombre arrodillado entre
las tumbas. Tenía varias velas encendidas frente a él, un
recipiente en el suelo y restos de un animal. Movía
las manos sobre el recipiente mientras hablaba en voz baja.
No entendía las palabras, pero escuchaba que repetía algunas frases.
Recuerdo que me quedé observándolo unos momentos, concentrado en lo
que hacía frente a las velas. Debí regresar, pero quise
ver mejor. Salí un poco de donde estaba y avancé
varios pasos. Al pasar junto a una tumba, golpeé una
maceta con el pie, cayó al suelo y se quebró.
El hombre dejó de hablar y dejó las manos quietas,
y yo también me detuve. Después levantó la cabeza y
miró directamente hacia mi lado. Retrocedí y volví a cubrirme
detrás del mausoleo. Tomé el radio para avisarle a Pedro,
pero antes de hablar escuché movimiento al otro lado. Esperé
unos segundos y me asomé, pero el hombre ya no
estaba junto a las velas. Miré a los lados tratando
de encontrarlo entre las tumbas, pero no lo vi. Las
velas seguían encendidas y el recipiente estaba en el mismo sitio.
Le hablé a Pedro y le dije que había un
hombre haciendo un ritual, que me había visto y que
ya no sabía dónde estaba. Pedro me ordenó que saliera
de esa zona y regresara con él. Guardé el radio
y empecé a caminar hacia el pasillo principal, primero rápido
y luego más deprisa. Cuando escuché movimiento detrás de las tumbas,
el ruido venía de mi espalda. Escuchaba tierra y graba moverse,
luego se detenía. Yo avanzaba y volvía a escucharlo. Me
detuve una vez para alumbrar hacia atrás. Recorrí con la
lámpara los espacios entre las tumbas y no encontré a nadie.
Cuando bajé la luz, escuché una respiración fuerte en uno
de los pasillos laterales. Apagué la lámpara y me escondí
detrás de otro mausoleo. Pensé que el hombre me seguía
y que la luz podía revelar dónde estaba. Así que
me agaché y mantuve el radio pegado al cuerpo para
que no hiciera ruido. Escuché pasos acercándose, pero después el
sonido cambió. Había un roce contra el suelo, seguido de
golpes cortos sobre la grava. No sabía de qué lado
venía y por eso no salí. Permanecí ahí hasta que
el ruido pasó cerca y se alejó unos segundos. Aproveché
ese momento para moverme. Salí de mi escondite, crucé hacia
otro pasillo y avancé sin encender la lámpara. Apenas había
recorrido unos metros cuando escuché un gruñido detrás de mí.
Me detuve y apreté el bastón con una mano. No
era una voz humana ni un ladrido. Era un sonido bajo,
seguido por una respiración pesada. Volví a cubrirme detrás de
una tumba y miré hacia el lugar de donde venía
el ruido. Vi algo moverse entre las sepulturas, avanzaba pegado
al suelo y desaparecía cada vez que pasaba detrás de
una tumba. Alcancé a verlo otra vez unos segundos después,
más cerca. En la oscuridad no distinguía el cuerpo completo,
solo algunas partes cuando cruzaba por los espacios abiertos. Busqué
el radio para llamar a Pedro, pero antes de tocarlo,
escuché la respiración al otro lado del mausoleo. Me quedé quieto.
Entonces vi una mano apoyarse en el suelo, muy cerca
de donde estaba escondido. Los dedos tenían tierra y las
uñas sobresalían bastante. La mano permaneció ahí un momento y
luego se retiró. Escuché otro gruñido. Encendí la lámpara y
alumbré hacia adelante. Solo fue un instante, pero vi suficiente.
Frente a mí había una figura grande, cubierta de pelo negro,
con hocico largo y las patas apoyadas en el suelo.
No vi al hombre que había estado frente a las velas.
Vi aquello a pocos pasos de mí. Apagué la lámpara
y empecé a retroceder. La criatura levantó la cabeza hacia
mí y se quedó quieta. Entonces entendí que ya sabía
dónde estaba. Salí de mi escondite y corrí entre las tumbas,
sin detenerme a buscar el pasillo principal. Escuchaba a la
criatura detrás de mí, las patas golpeaban el suelo y
el gruñido se acercaba cada vez más. Saqué el radio
mientras avanzaba y alcancé a decirle a Pedro que no
entrara solo. No pude explicarle nada más, porque tropecé con
el borde de una tumba y tuve que apoyar una
mano en el suelo para no caer. Me incorporé rápido
y miré hacia atrás. La criatura estaba entre las sepulturas,
y desde donde me encontraba pude verla mejor. Tenía el
cuerpo cubierto de pelo negro, el hocico largo y las
patas delanteras más largas de lo normal. Mantenía la cabeza
baja y la boca abierta. Yo levanté el bastón y
retrocedí sin apartar la vista. La criatura avanzó unos pasos,
se detuvo y volvió a moverse. No ladró. Solo gruñía
y mostraba los dientes. Seguí retrocediendo hasta que tuve espacio
para girarme, y en cuanto lo hice, escuché el golpe
de las patas detrás de mí. Alcancé a dar varios
pasos antes de que se lanzara. Me giré con el
bastón levantado y golpeé hacia un costado. Sentí el impacto
en el cuerpo de la criatura y logré desviarla. Cayó
junto a una tumba y yo aproveché para correr de nuevo.
No llegué lejos, recibí un golpe fuerte en la espalda
y caí de frente. La lámpara salió despedida y el
bastón quedó a poca distancia. Intenté incorporarme, pero la criatura
me sujetó de la pierna. Sentí los dientes apretando y grité.
Pateé con la pierna libre varias veces hasta golpearla y
conseguí que me soltara. Me giré sobre el suelo, estiré
el brazo y alcancé el bastón antes de que volviera
a acercarse. Golpeé sin medir la fuerza. Y el bastón
le dio en la cabeza y la criatura retrocedió. Aproveché
esos segundos para arrastrarme hasta una tumba y sujetarme del borde.
La pierna me dolía demasiado y no podía apoyarla bien,
pero logré levantarme. La criatura seguía frente a mí, moviéndose
de un lado a otro sin perderme de vista. Levanté
el bastón otra vez y traté de mantenerlo entre los dos.
Entonces la criatura apoyó las patas traseras con fuerza y
levantó el cuerpo. No quedó completamente derecha, pero se sostuvo
lo suficiente para quedar por encima de mí. Las patas
delanteras quedaron levantadas y ahí vi las garras, largas y
cubiertas de tierra. Abrió la boca y vi los dientes completos.
Me pegué a la tumba y sostuve el bastón con
las dos manos y la criatura se lanzó antes de
que pudiera moverme. Tiré el golpe pero fallé. Sentí las
garras en el hombro y luego en el brazo. El
dolor me hizo perder el equilibrio y caí de lado.
Me cubrí la cabeza y la cara con los brazos
mientras la criatura volvía a golpearme. Moví el bastón desde
el suelo tratando de mantenerla lejos. En uno de esos
movimientos sentí que le pegaba otra vez en la cabeza.
La criatura retrocedió y me dejó espacio. Me arrastré, apoyé
una mano en la tumba y conseguí volver a ponerme
de pie, aunque la pierna seguía sin responder bien. A
lo lejos escuché la voz de Pedro por el radio.
El aparato estaba tirado varios metros atrás y no podía alcanzarlo.
Intenté gritar, pero la voz apenas me salió. La criatura
volvió a acercarse despacio. Tenía sangre alrededor del hocico y
respiraba con fuerza. Yo mantuve el bastón levantado y esperé.
Cuando volvió a lanzarse, traté de cubrir el pecho con
el bastón, pero el golpe me hizo perder el equilibrio.
Caí hacia atrás y mi cabeza chocó contra el borde
de una tumba. Después de eso, mis recuerdos quedaron separados.
Recuerdo estar en el suelo con una pierna atrapada debajo
del cuerpo. Recuerdo un gruñido muy cerca de mi cara
y el peso de la criatura sobre mí. También recuerdo
mover los brazos para protegerme y sentir otro golpe en
el hombro, y luego escuché voces a lo lejos. Era Pedro.
Había entrado con otro trabajador que todavía estaba en el panteón.
Los dos gritaban mi nombre mientras avanzaban por los pasillos.
La criatura dejó de atacarme y bajó al suelo. Alcancé
a levantar la cabeza y la vi alejarse entre las tumbas,
y corrió en cuatro patas hasta perderse en la oscuridad.
Pedro llegó primero, se agachó junto a mí y empezó
a hablarme para que reaccionara. Yo escuchaba su voz, pero
me costaba responder. Tenía sangre en la ropa, el brazo
y la pierna, y apenas podía moverme. El otro trabajador
se quedó cerca, mirando hacia el lugar por donde se
había ido la criatura. Mientras Pedro pedía ayuda, yo repetía
que había algo entre las tumbas y que no fueran
hacia allá. Pedro me preguntó qué me había atacado primero
le dije que había sido el hombre y después le
dije que era un animal la verdad no pude explicar
más mientras esperábamos Pedro encontró mi lámpara y el radio
también vio el bastón tirado y las manchas de sangre
sobre el suelo me preguntó dónde había visto al hombre
y alcancé a señalar hacia la zona de las velas
él no fue a revisar permaneció conmigo y siguió hablándome
para que no perdiera el conocimiento Cuando llegaron los paramédicos,
me revisaron ahí mismo y después me colocaron en una camilla.
Tenía heridas profundas en el hombro y en el brazo,
además de la mordida en la pierna y el golpe
en la cabeza. Mientras me sacaban por el pasillo, mantuve
la vista hacia las tumbas, esperando ver otra vez a
la criatura entre los espacios oscuros. Pero no apareció. Pedro
caminó junto a la camilla hasta la salida. Yo seguía consciente.
aunque apenas podía hablar. Antes de que me subieran, volví
la cabeza hacia el interior del panteón y vi a
los dos trabajadores quedarse cerca de la entrada. Después cerraron
la puerta de la ambulancia. Pasé varios días recuperándome, pues
las heridas del hombro, el brazo y la pierna tardaron
en cerrar, y el golpe en la cabeza me dejó
mareado durante un tiempo Cuando pude caminar mejor, todavía sentía
dolor al apoyar la pierna y tenía el brazo rígido.
Pedro fue a verme cuando ya estaba más estable. Hablamos
poco al principio porque yo seguía cansado y él tampoco insistió.
Después me contó que otros trabajadores habían encontrado antes velas,
restos de animales y objetos enterrados en la parte vieja
del panteón. Ahí entendí. por qué los guardias con más
tiempo eran tan estrictos con algunas reglas. Yo conocía esas
indicaciones desde que entré a trabajar, pero nunca había preguntado
de dónde venían. Pensaba que servían para evitar accidentes o
problemas con personas que se metían durante la noche. Pedro
sabía que en esa zona habían ocurrido cosas que nadie
quería revisar solo. Por eso había insistido tanto en que
lo esperara. También hablamos de lo que yo había visto
antes del ataque. Fui preciso con una parte, porque después
varias personas empezaron a sacar conclusiones. Nunca vi al hombre transformarse.
Vi al hombre durante el ritual y después dejé de verlo.
Y más tarde apareció la criatura. Entre una cosa y
la otra hubo un momento en el que no tuve
al hombre a la vista. Eso es lo único que
puedo afirmar. Pedro no intentó explicarlo. Tampoco me dio una
versión distinta. Lo único que añadió fue que cuando llegó
hasta donde yo estaba, pensó que ya no respiraba. Esa
parte me costó más que cualquier pregunta. Yo apenas recordaba
su voz y la del otro trabajador mientras estaba en
el suelo. Por eso, escuchar que me habían encontrado en
ese estado me dejó varios días pensando en lo cerca
que estuve de no salir de ahí. Cuando me dieron
de alta y pude moverme por mi cuenta, Regresé una
sola vez al panteón. Fui de día y Pedro estuvo conmigo.
No pensaba volver al turno, solo quería recoger mis cosas
y entregar lo que me faltaba del trabajo. Antes de irme,
le pedí que me acompañara hasta la parte vieja. Caminamos
juntos y llegamos al sitio del ritual. La maceta rota
seguía en el suelo. También quedaban restos de cera y
la tierra estaba removida. Los trabajadores ya habían retirado los
restos del animal. Me quedé ahí unos momentos. No revisé
nada ni busqué otras marcas. Tampoco quise acercarme más. Reconocí
el lugar. Le dije a Pedro que regresáramos y salimos.
En la entrada, entregué mis cosas y confirmé que no
iba a volver y nadie intentó convencerme. Después de lo
que había pasado, no podía imaginarme haciendo otra ronda nocturna
entre esas tumbas. conseguí otro trabajo tiempo después y fui
recuperando mi rutina aunque algunas cosas cambiaron desde entonces durante
los primeros meses dormía mal me despertaban los ladridos los
golpes en la calle y cualquier ruido fuerte cerca de
la casa algunas noches abría los ojos y recordaba las
garras los dientes el golpe en el hombro y la
caída los recuerdos llegaban por partes Con el paso de
los meses dejaron de aparecer cada noche, pero nunca desaparecieron
por completo. Lo que más se quedó conmigo fue el
miedo a los perros negros. Antes de aquello nunca había
tenido problema con ellos. Había convivido con perros desde joven
y podía pasar junto a uno sin prestarle atención, pero
después del ataque ya no pude hacerlo igual. La primera
vez que vi un perro negro grande después de recuperarme
iba caminando por la calle, El animal estaba junto a
su dueño y no se acercó a mí. Levantó la
cabeza y yo me quedé quieto. Sentí las piernas tensas.
Aparté la vista y esperé a que pasaran. Seguí caminando
cuando ya estaban lejos. Desde ese día me ocurre lo mismo.
Si veo un perro negro grande, mantengo distancia. Si está cerca,
me cuesta mirarlo y prefiero apartarme. No necesito que ladre
ni que se acerque. Me basta con verlo para recordar
aquella noche y mi primera reacción sigue siendo alejarme. Algunas
personas reducen lo ocurrido a un ataque de perro y
relacionan el resto con el golpe que recibí en la cabeza.
Nunca discuto con ellas pues no tengo una forma de
probar qué era aquella criatura. Tampoco afirmo haber visto una
transformación porque no la vi. Mantengo solamente lo que recuerdo
con claridad y las heridas que me quedaron. con el
tiempo empecé a escuchar una palabra cada vez que alguien
hablaba de lo ocurrido Nahual yo ya la conocía pero
nunca había tenido motivos para relacionarla con algo que me
hubiera pasado algunos trabajadores la usaban para nombrar a la
criatura y con los años terminé haciendo lo mismo no
porque pueda demostrar que era sino porque ese fue el
nombre que quedó ligado a lo que pasó en ese
panteón nunca regresé a trabajar en un lugar así y
tampoco acepté empleos donde tuviera que hacer recorridos nocturnos solo.
Las cicatrices siguen visibles en el hombro, el brazo y
la pierna. Hay días en que no pienso en ellas,
pero el miedo sigue ahí y aparece de inmediato, cuando
veo un perro negro grande. Lo demás lo tengo claro.
Pedro me había dicho que esperara y yo conocía la regla.
Decidí entrar solo, porque pensé que podía revisar y volver
sin problemas. Esa decisión terminó conmigo herido entre las tumbas
y con mis compañeros tratando de mantenerme consciente. Sobreviví, pero
desde aquella noche nunca volví a sentirme tranquilo cerca de
un perro negro. Hasta hoy me sigo apartando cuando veo uno.