Hasta Hoy No Tengo Una Explicación
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
Speaker 2: El molino llevaba diez años cerrado, cuando acepté el turno nocturno.
La puerta del sótano tenía una sola cerradura y solo
había una llave en servicio, la misma que yo guardaba
en el bolsillo desde que empezaba cada jornada. Por eso
todavía recuerdo con claridad lo que sentí aquella noche cuando
bajé a encender la bomba de desagüe y encontré a
una mujer de espaldas arrodillada en el agua. Llevaba tres
meses trabajando ahí y conocía bien la rutina. Durante las
lluvias fuertes tenía que revisar el nivel del sótano porque
el agua se acumulaba rápido y la bomba evitaba que
alcanzara la instalación eléctrica. Aquella tormenta empezó antes de medianoche.
En uno de mis recorridos vi agua saliendo por debajo
de la puerta, así que regresé a la caseta. Tomé
la linterna, el radio y las llaves y volví al edificio.
La cerradura estaba intacta. Abrí, encendí la luz de la
escalera y empecé a bajar. El foco del fondo no funcionó.
Cuando llegué abajo, el agua ya me cubría los tobillos.
Avancé unos pasos, escuché movimientos cerca del tanque y levanté
la linterna. Entonces la vi. Durante mis rondas anteriores, había
pasado frente a esa misma entrada. Siempre encontraba el pasador
exterior libre, la puerta cerrada con llave y el área vacía.
El sótano tampoco tenía una segunda salida que yo conociera.
Por eso, antes de seguir bajando, miré de nuevo hacia
la cerradura y luego hacia el agua, tratando de ordenar
lo que estaba viendo. No escuché pasos arriba ni puertas
moviéndose en el edificio, y tampoco había nadie conmigo en
el turno. Aún con todo eso, seguí tratando a la
mujer como a una persona que necesitaba ayuda, porque en
ese momento eso era lo único razonable. Mi intención era sacarla,
encender la bomba y esperar a que bajara el nivel.
Estaba arrodillada junto al borde, completamente inmóvil, con el cabello
largo pegado a la espalda y un vestido claro empapado
hasta la parte baja. Mi primera idea fue que alguien
se había metido al molino para refugiarse de la lluvia,
pero esa explicación no encajaba con la puerta cerrada. Aún así,
le hablé con calma. Le pregunté quién era y le
dije que tenía que salir porque el nivel estaba subiendo,
pero no me respondió. Repetí la advertencia con más fuerza
y le pedí que se pusiera de pie. La mujer
movió la cabeza lentamente, sin volverse hacia mí, y empezó
a emitir un gemido agudo, áspero y continuo. El sonido
rebotaba en el concreto y me provocó un dolor fuerte
en los oídos. Retrocedí un paso, le pedí que se
calmara y mantuve la luz sobre ella. Apoyó una mano
en el tanque, luego la otra y se levantó. Seguía
dándome la espalda. El vestido estaba pegado al cuerpo por
el agua y llevaba zapatos viejos de tela. Le señalé
la escalera y le dije que saliéramos. Comenzó a caminar
hacia mí, arrastrando uno de los pies, sin responder a
ninguna de mis preguntas. Me aparté para dejarle paso, pero
cuando llegó a la escalera no pasó junto a mí.
Siguió de frente hacia donde yo estaba. retrocedí un peldaño
y le ordené que se detuviera pero no hizo caso
dio otro paso levantó la cara y por primera vez
pude verla de frente tenía el rostro muy pálido los
ojos abiertos y la piel de las mejillas y la
frente levantada en varias zonas la luz de la linterna
le dio directamente y no parpadeó el gemido seguía saliendo
de su garganta aunque apenas movía la boca Volví a
retroceder y apreté el radio para pedir apoyo, pero solo
escuché estática. Lo intenté otra vez sin resultado. Ella siguió
subiendo ahora más rápido mientras el zapato que arrastraba golpeaba
cada escalón. Dejé de hablarle y subí hacia la salida.
Llegué al patio, me giré y la vi a pocos
metros todavía avanzando. Durante un segundo pensé en seguir retrocediendo
y dejar la puerta abierta, pero levantó una mano hacia
mí y continuó acercándose. Cerré de golpe, puse el pasador
y aseguré la barra. Casi de inmediato comenzaron los golpes
desde el otro lado. Al principio fueron separados, luego llegaron
varios seguidos, fuertes y desordenados. Me alejé de la entrada,
saqué el teléfono y llamé a emergencias. Expliqué que había
una mujer atrapada en un sótano inundado que avanzaba hacia
mí sin detenerse y que yo había salido porque no
sabía qué pretendía hacer. Me indicaron que no volviera a
entrar mientras existiera riesgo y que enviarían ayuda. Después llamé
al dueño del molino. Me contestó tras varios tonos. Le
dije que había encontrado a una mujer dentro del cuarto
de bombas. No alcancé a describirla. Antes de que pudiera
añadir nada, me preguntó si llevaba un vestido claro y largo.
Me quedé en silencio y los golpes seguían detrás de
la puerta. Le pregunté cómo sabía eso, pero no me respondió.
Solo me dijo que no abriera, que esperara afuera y
que los bomberos ya iban en camino. Le aclaré que
el agua estaba subiendo y que había una persona ahí dentro.
Me repitió la instrucción y volví a preguntarle por el vestido.
Guardó silencio unos segundos. Dijo que iba hacia el molino
y terminó la llamada. Ahí fue cuando empecé a preocuparme
por algo distinto. Yo no le había dicho la edad
de la mujer, no había descrito su cara y tampoco
había mencionado la ropa. Solo le informé que había encontrado
a alguien en el sótano. Sin embargo, él conocía un
detalle que no tenía forma de saber por mi llamada.
Mientras trataba de entenderlo, los golpes empezaron a perder fuerza.
Después escuché un llanto bajo, entrecortado. Me acerqué unos metros
y le grité que la ayuda estaba en camino, pero
igual no me contestó. El llanto siguió un poco más
y al mirar hacia la base de la puerta, vi
agua saliendo por debajo. Entonces recordé que nunca había encendido
la bomba. La llave del tablero seguía conmigo. Llamé otra
vez a emergencias y avisé que el nivel continuaba subiendo.
Me insistieron en que permaneciera afuera. Aún así, avancé hacia
la puerta y pensé en retirar la barra, pero antes
de tocarla, tres golpes fuertes sacudieron el metal, así que
me detuve. El llanto volvió, cada vez más débil, hasta
apagarse por completo, y después solo escuché el agua. Regresé
a la caseta y me quedé junto a la ventana
desde donde podía ver la entrada del sótano. La corriente
siguió saliendo durante buena parte de la madrugada. No escuché
más golpes ni volvió el llanto. Llamé una vez más
para confirmar que la ayuda seguía en camino y esperé
sin apartar la vista del edificio. No quería acercarme otra
vez sin los bomberos, pero tampoco podía dejar de pensar
en la llamada al dueño. Repasé exactamente lo que le
había dicho y no encontré ninguna frase que explicara cómo
había adivinado la ropa de aquella mujer. Durante las horas
siguientes escuché la lluvia. el agua corriendo por el patio
y el ruido del techo de la caseta. Cada cierto
tiempo miraba la puerta para comprobar que la barra siguiera
en su sitio. No se movió. Al final de la noche,
cuando la lluvia empezó a bajar y el cielo comenzó
a aclararse, seguía esperando que alguien apareciera por el camino
de la entrada. Para entonces, la puerta llevaba horas cerrada
y nadie había salido. Lo que ya no podía explicar
era cómo había entrado aquella mujer, ni por qué el
dueño sabía exactamente qué llevaba puesto. Me quedé esperando ahí
hasta que amaneció por completo frente al molino. Al amanecer
llegaron los bomberos y poco después apareció el dueño del molino.
Yo seguía en la caseta cuando vi entrar los vehículos
por el portón. Salí, les indiqué dónde estaba la mujer
y les dije que llevaba horas sin escucharla. Uno de
los bomberos me preguntó si el sótano tenía otra salida.
Le respondí que no, que solo se podía entrar por
esa puerta. El pasador seguía puesto y la barra continuaba
en su sitio, exactamente donde los había dejado. Ellos se acercaron,
retiraron ambos seguros y me pidieron que permaneciera atrás mientras abrían.
Yo esperaba que el agua saliera en cuanto movieran la puerta,
porque durante la madrugada la había visto correr por debajo
del metal. No salió nada, Uno iluminó las escaleras y
empezó a bajar y el otro entró detrás. Me quedé
arriba con el dueño hasta que escuché una voz desde
el fondo. El cuarto estaba vacío. Bajé varios escalones y
lo primero que noté fue el concreto seco. Seguí hasta
el piso y comprobé que no había charcos, humedad en
las paredes ni agua alrededor del tanque y la bomba
seguía apagada. Metí la mano en el bolsillo y saqué
la llave del tablero que no había usado en toda
la noche. Los bomberos me preguntaron en dónde había estado
la mujer. Señalé el costado del tanque y el punto
donde la vi levantarse. Revisaron las tuberías, el espacio de
mantenimiento y los rincones del cuarto. No encontraron a nadie
ni descubrieron otra salida. Me acerqué mientras uno de ellos
alumbraba el interior del tanque. En el fondo había lodo y,
junto a una esquina, sobresalía un pedazo de tela. Trajeron
un gancho, lo sujetaron y comenzaron a levantarlo. Primero salió
una manga, luego el resto de la prenda. Era un
vestido viejo, deteriorado y cubierto de barro fresco. Antes de
sacarlo por completo, uno de ellos sostuvo la tela sobre
el tanque para que escurriera. El barro cayó de nuevo
al fondo y dejó visibles varias costuras oscuras en el
cuello y las mangas. Yo no necesité acercarme más para reconocerlo.
Había visto esas mismas partes cuando la mujer subió detrás
de mí por la escalera. El bombero colocó la prenda
sobre una lona, tomó fotografías y pidió una bolsa para conservarla.
Nadie la tocó con las manos. El dueño observó todo
desde la entrada y evitó acercarse mientras terminaban de asegurarla.
Yo seguí ahí, sin decir nada. Lo reconocí en cuanto
lo vi. Tenía el mismo largo, las mismas mangas y
el mismo cuello. Miré al dueño y él bajó la vista.
Uno de los bomberos le preguntó si sabía de dónde
había salido esa ropa, pero contestó que no. Entonces le
pregunté cómo había sabido lo del vestido durante nuestra llamada
y solo guardó silencio. Volví a plantearle lo mismo. Esta
vez sin rodeos, yo solo le había dicho que encontré
a una mujer en el sótano y antes de escuchar
cualquier descripción, él preguntó si llevaba un vestido claro y largo.
Me pidió que saliéramos al patio. Afuera le dije que
necesitaba una explicación. Respondió que años atrás hubo una inundación
fuerte en esa zona cuando todavía había vivienda cerca del canal.
El agua subió durante la noche y murieron varias personas,
entre ellas una mujer y sus hijos. No me dio
nombres ni fechas. Le pregunté qué relación tenía esa inundación
con el molino. Dijo que años después, algunos empleados del
turno nocturno empezaron a escuchar el llanto de una mujer
cerca del cuarto de bombas durante las tormentas. Quise saber
si alguien la había visto. Tardó en responder y finalmente
admitió que sí. Dos trabajadores, en años distintos, habían reportado
a una mujer cerca del sótano. Ambos mencionaron un vestido
claro y largo, por eso conocía ese detalle. Le pregunté
por qué nunca me habló de esos reportes cuando acepté
el puesto. Me contestó que eran historias viejas, que nadie
había demostrado la entrada de una persona al edificio y
que nunca habían encontrado una prueba física. señalé la puerta
abierta y le recordé que los bomberos acababan de sacar
una prenda del tanque no tuvo respuesta uno de los
bomberos salió con el vestido dentro de una bolsa todavía
llevaba lodo adherido a la tela el dueño lo observó
y volvió la cara le pregunté si reconocía la prenda
y dijo que no dejé la conversación y bajé otra
vez acompañado por uno de los bomberos porque quería revisar
el lugar antes de marcharme Recorrí el mismo espacio donde
había estado durante la noche. El piso continuaba seco y
no había huellas. Me detuve frente a la bomba y
pregunté si toda aquella agua podía haber desaparecido sin que
el equipo funcionara. El bombero dijo que necesitaba revisar el
sistema completo antes de responder y confirmó que la bomba
estaba apagada. Miré el tanque. El vestido ya no estaba dentro,
solo quedaba el lodo del fondo. tampoco encontramos nada que
explicara por dónde había entrado o salido aquella mujer. Subí
y regresé a la caseta. El dueño vino detrás de
mí y me dijo que me fuera a casa, descansara
y habláramos después. Abrí el cajón donde guardaban los documentos
del personal y saqué una hoja de baja voluntaria. La
puse sobre el escritorio. Él entendió lo que iba a
hacer y me pidió que no tomara una decisión en
ese momento. Le respondí que no iba a cubrir otro
turno en ese lugar. Llené la hoja, puse mi nombre,
firmé y dejé las llaves junto al documento. Antes de salir,
le pregunté qué había ocurrido con los dos trabajadores que
aseguraron haber visto a la mujer. Me dijo que ya
no trabajaban para la empresa. Quise saber por qué se
habían ido. Guardó silencio. Le pregunté si habían renunciado después
de verla, pero no me respondió y solo miró las
llaves sobre la mesa. salí de la caseta y caminé
hacia el portón los bomberos seguían trabajando junto al sótano
y la bolsa con el vestido estaba en el patio
uno de ellos se acercó antes de que me fuera
y me pidió mis datos para completar el reporte se
los di y aclaré que la llave del tablero había
permanecido conmigo durante todo el turno por lo que la
bomba no había sido encendida anotó la información y regresó
con su compañero yo miré una última vez hacia la
bolsa El lodo seguía húmedo y se había acumulado en
la parte inferior del plástico. El dueño permanecía cerca de
la oficina. No volvió a llamarme ni trató de convencerme
de regresar. Crucé el portón y dejé el molino esa
misma mañana. No volví a trabajar ahí, ni regresé por
mis cosas, porque todo lo que llevaba durante el turno
salió conmigo. Tampoco llamé al dueño para preguntar qué hicieron
con el vestido o qué significado tenían. lo último que
escuché de él fue el silencio que dejó cuando quise
saber por qué los otros dos empleados se habían ido,
eso fue suficiente para mí, había pasado toda la noche
siguiendo un procedimiento de seguridad, había pedido ayuda y había
entregado las llaves, mi trabajo terminaba ahí, firmé la renuncia
por una razón concreta, el dueño conocía el vestido antes
de que yo se lo describiera, Y después admitió que
otros trabajadores habían visto a una mujer vestida de la
misma forma. Cuando dejé las llaves sobre la mesa, ya
sabía que no iba a volver a entrar a ese sótano.
Salí por el portón, escuché cerrarse la reja detrás de
mí y seguí caminando sin mirar otra vez hacia el edificio.
Esa noche nunca se me olvida y espero no volver
a pasar por algo así en mi vida. El llanto
de la mujer era desgarrador y muy feo. es algo
que no le deseo a nadie. Si te gustó este video,
te recomiendo ir a ver Turno Nocturno en la Bodega,
Noche de la Llorona, y también El Velador que encontró
a la Llorona dentro de la bodega.