Los 7 errores mentales que te hacen perder dinero
En este episodio de Ideas para Vivir Mejor hablamos sobre la psicología de la inversión y los principales errores mentales al invertir que pueden hacerte perder dinero sin darte cuenta. Descubrirás cómo el exceso de confianza, el miedo, la euforia, los sesgos cognitivos y la influencia de los medios afectan a tus decisiones financieras. También veremos por qué muchas personas confunden precio y valor, cómo evitar inversiones impulsivas y de qué manera un buen asesor puede ayudarte a tomar decisiones más racionales. Si te interesa aprender a invertir mejor, controlar tus emociones y evitar los sesgos que sabotean tu dinero, este episodio es para ti.
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Speaker 2: Hola a todos y bienvenidos a Ideas para Vivir Mejor.
Hoy te traigo las ideas principales de Las leyes de
la riqueza, un libro escrito por Daniel Crosby. Antes de empezar,
una cosa muy rápida. Ya sabes que este es un
podcast para personas ocupadas que no quieren consumir ideas, sino
que quieren usarlas. Si alguna vez te ha pasado que
has escuchado un episodio, te ha sonado bien, pero después
tu vida sigue exactamente igual, eso tiene solución. En Patreon
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enlace en la descripción para que puedas echarle un vistazo.
Y ahora sí, vamos con el episodio. El libro nos
habla de algo que afecta a muchísima gente, especialmente cuando
tiene que tomar decisiones importantes con su dinero. Y Eso
que tanto nos afecta es el sesgo o exceso de confianza.
Es decir, esa tendencia tan humana, por otra parte, de
pensar que vemos mejor que los demás, decidimos mejor que
los demás y actuamos mejor que los demás. Y esto
no es algo que le pase a cuatro personas arrogantes.
Esto nos pasa a casi todos, en casi cualquier ámbito
en el que nuestro ego pueda meter la cuchara. El
100% de los encuestados normalmente cree que es mejor que
la media haciendo lo que sea. El 95% piensa que
tiene una destreza atlética superior a la de los demás.
Todo esto es matemáticamente imposible, ya lo sabemos. No todo
el mundo puede estar por encima de la media. No
todo el mundo puede ser el más sociable, ni el
más brillante, ni el más hábil, ni el más atractivo.
Pero nuestra mente... tiene una habilidad extraordinaria para contarnos una
historia en la que siempre salimos mejor parados que los demás.
Y esto en la vida cotidiana no tiene ninguna importancia,
es una anécdota, pero en el terreno de la inversión,
que es lo que toca este libro, puede salir bastante caro.
Cuando uno piensa que tiene un talento especial para invertir,
empieza a interpretar la realidad de una manera distorsionada. Cuando
aciertas en una inversión, el mérito es tuyo. Y cuando fallas,
la culpa es de las circunstancias del mundo, del universo
o de los demás. Y a eso se le llama
error de atribución. Tendemos a interpretar nuestros éxitos como consecuencia
de ese talento que creemos que tenemos y interpretamos los
fracasos como producto de factores externos. El problema es que
si hacemos esto una y otra vez, lo que va
a pasar es que vamos a dejar de aprender. Porque
para aprender, una cosa muy importante es reconocer que nos
hemos equivocado o que no sabemos. Y para reconocer esto, pues, lógicamente,
antes tenemos que aceptar que no somos tan listos como
nos gustaría creer.¿ Qué hace un inversor que no entiende esto?
Pues empieza a pensar que las reglas del mercado no
van con él, que esto del riesgo es para otros,
que su instinto... está por encima de los datos o
por encima de la realidad. Que él es capaz de
determinar y de saber cuándo es bueno entrar y cuándo
es bueno salir de una inversión. Y para invertir bien,
nos dice el libro que no basta con saber mucho,
sino que hay que también desconfiar un poquito de uno mismo.
Porque muchas veces el verdadero enemigo de cualquier inversor no
es el mercado, es su ego. El enemigo lo lleva dentro.
Y como humanos, pues hay otro factor importante que es
todavía más potente, son las emociones. Las emociones no es
algo malo, ya lo sabes, forma parte de estar vivos,
pero cuando esas emociones son intensas, nuestra capacidad para pensar
con claridad se va a reducir. Es decir, cuando estamos
emocionalmente tocados, tomamos peores decisiones. Por eso una persona triste
puede convertirse en un inversor crédulo, que interpreta peor la
información que le han dado y pierde capacidad de Y
puede pasar también que una persona con una emoción de
entusiasmo se vuelva imprudente. Invertir no es una cuestión puramente racional,
aunque nos encante pensar que sí. Invertir activa una mezcla
de deseo, de ansiedad, de urgencia, de fantasía también, que
va a alterar nuestra capacidad para decidir con serenidad. Y
por eso dice el libro que una de las grandes
habilidades de un buen inversor no es predecir el mercado,
no pueden ver el futuro, sino detectar en qué estado
emocional está él mismo o ella misma antes de invertir
un solo euro en nada. Porque si estás triste, pues
a lo mejor vendes por miedo. Si estás eufórico, a
lo mejor compras por codicia. Y en cualquiera de los
dos casos no estás decidiendo con criterio. Están decidiendo tus emociones.
Está decidiendo tu estado interno. Es decir, saber mucho de
inversiones no basta para invertir bien si no sabes gobernarte
o si no te conoces a ti mismo o si
no eres capaz de detectar en qué estado emocional estás.
Por eso tantas personas tan inteligentes toman decisiones financieras desastrosas.
Porque no sepan sino porque están en un estado emocional
que no son capaces de detectar ellos mismos. A veces
tenemos la fantasía de que deberíamos poder hacerlo todos solos,
que si leemos lo suficiente sobre inversiones o nos informamos bien,
si ponemos atención, pues vamos a ser capaces de tomar
decisiones perfectas sin ayuda de nadie. Y la realidad tampoco
funciona así. En el tema de la inversión, al igual
que en muchos otros ámbitos de la vida, El problema
normalmente es nuestra incapacidad para comportarnos con coherencia cuando llega
el miedo o la euforia o la incertidumbre. Seguramente sabes
perfectamente lo que deberías hacer. Has leído mil veces que
no conviene que vendas cuando entras en pánico, sabes que
las decisiones impulsivas en materia de inversión te salen caras.
Puedes repetirlo como un mantra, da igual. Si tú ves
que el mercado cae, si ves números rojos, ahora que
están cayendo todas las bolsas, si escuchas que hay una crisis,
un colapso, un desplome, una recesión, tu cuerpo va a
reaccionar antes que tu cabeza. Y por eso nos dice
el libro y nos recomienda que contar con un buen
asesor puede ser tan importante, porque nos ayuda a no
convertirnos en nuestro peor enemigo. Y ese asesor no es
solamente un experto en inversiones, debe ser también una especie
de coach, una especie de entrenador del comportamiento humano. No
solamente saber de inversiones, sino saber también del ser humano,
saber de bienestar, saber de desarrollo personal, entender las emociones.
Es una persona, por supuesto tiene que entender de finanzas,
pero tiene que entender también cómo una persona es capaz
de engañarse a sí misma cuando tiene miedo o cuando
se ilusiona demasiado. Una persona que sea capaz de llevarte
la contraria si hace falta. Un abogado del diablo profesional,
lo llama el libro. Una persona que cuando tú estés entusiasmado,
pues te obligue a ver aquello que tú no quieres ver.
Esto que es tan molesto, ¿verdad? Pero es que ahí
precisamente es donde está el valor de un buen asesor.
Otra cosa importante, el ruido. Por mucho que nos digamos
a nosotros mismos que somos racionales, que no nos dejamos
llevar por las emociones y que vamos a saber filtrar
bien la información... la repetición constante del miedo acaba calando.
Tenemos una tendencia como humanos que es a la catastrofización.
A la catastrofización. Pensar que todo va a salir mal.
Una capacidad que tenemos de escuchar una señal de alarma,
por ejemplo en un medio de comunicación, y nos construimos
en nuestra cabeza en cuestión de segundos la peor película posible.
Por eso cuando nuestras acciones bajan un poco, nuestra mente
ya nos proyecta imágenes que de que nos vamos a arruinar,
de que lo vamos a perder todo. Y esto pasa
todo el tiempo. Y el problema es que los medios
de comunicación, por pura lógica comercial, no viven de transmitir calma,
viven de captar la atención. Y pocas cosas van a
captar más la atención de la gente que el miedo.
Y por eso, cada vez que cae el mercado, lo
presentan como si fuera el fin del mundo. La realidad
suele ser menos dramática. que el mercado se caiga de
vez en cuando, como está pasando ahora, pues no es
una anomalía, es parte de su funcionamiento normal. Hay muchas
veces que las acciones están sobrevaloradas, los precios suben, la
gente empieza a vender para recoger esos beneficios y entonces
llega una bajada importante. Eso se llama corrección. Y aunque
suene mal, es algo muy habitual, ocurre aproximadamente una vez
al año o una vez cada dos años. El problema
es cómo reaccionamos ante esa corrección. Si cada vez que
ves una caída vendes, entonces estás convirtiendo una turbulencia en
una pérdida real. No te arruina el mercado en ese caso,
te está arruinando tu reacción a esa turbulencia. No podemos
confundir nuestra emoción con la realidad. Que tú sientas miedo
porque ves tus inversiones bajar no significa que tu supervivencia
esté en peligro. Y al revés, que tú sientas seguridad
no significa que estés a salvo. Por eso, superar esas
turbulencias del mercado es una parte importantísima del éxito de
un inversor. Y hay otro elemento que nos engaña también mucho.
Esa supuesta capacidad que tenemos todos de detectar a la
gente que nos quiere estafar. Todos pensamos que tenemos un
cierto radar y la realidad es que la mayoría somos
muy malos detectando mentiras. Muy, muy malos. El libro analiza
los resultados de 200 estudios sobre cómo las personas intentan identificar
a los mentirosos observando su lenguaje corporal. Y lo que
encontraron es que las personas solamente acertamos esas cosas en
el 47% de los casos. Es decir, somos peores que
si lanzáramos una moneda al aire. No somos tan buenos
como creemos leyendo a las personas.¿ Qué tenemos que hacer?
Dejar de escuchar solamente lo que dicen y empezar a
mirar Y en el caso de las inversiones en concreto,
mirar qué es lo que hacen con su propio dinero.
Porque una cosa es el discurso y otra muy distinta
es la apuesta personal que hagan. Si alguien que conoce
una empresa desde dentro decide que se va a jugar
su dinero ahí, está enviando una señal mucho más interesante
que cualquier eslogan, que cualquier discurso que te puedan dar.
Las acciones de las personas siempre hablan más alto que
sus palabras. Y luego también pasa que los seres humanos
no evaluamos el valor de las cosas de una manera objetiva.
Nos dejamos influir por el contexto, por el prestigio, por
el precio. Muchas veces nos creemos lo que el precio
que alguien ha puesto dice sobre ese objeto, o sobre
ese servicio, o sobre esa acción. Y esto da igual
cuando hablamos de vinos, pero es algo peligroso cuando hablamos
de inversiones. Porque nos lleva a pensar que algo vale
mucho simplemente porque cuesta. mucho. Como si el precio fuese
una prueba automática de calidad. Y muchas veces ocurre justo
lo contrario. Pero no solamente compramos cosas, compramos percepciones, compramos símbolos,
compramos relatos, compramos marcas. Y esto pasa con los productos
del día a día y pasa cuando vamos al mercado
y queremos comprar acciones y queremos invertir. Cuando mucha gente
siente eso al mismo tiempo, el precio de una acción
sube y sube y vuelve a subir. Hasta que llega
un momento en el que ya no estás comprando una
buena empresa a un precio razonable, estás comprando una fantasía
colectiva que se ha convertido en algo carísimo y puedes
terminar haciendo una mala inversión simplemente porque has pagado demasiado
y entonces necesitas que todo salga extraordinariamente bien para justificar
ese precio. Y en el momento en el que la
realidad no es extraordinaria sino simplemente buena, todo el castillo
de tu inversión se puede venir abajo. Por eso invertir
no es solamente elegir buenas empresas, sino no pagar cualquier
precio por ellas. Es un error que se repite una
y otra vez. Pagar cifras absurdas por activos sobrevalorados solamente
porque están de moda. Hay una historia, seguro que la conoces,
la historia de los tulipanes en los Países Bajos, en Holanda,
en el siglo XVII. Allí los tulipanes se convirtieron en
auténtica obsesión.¿ Por qué? Porque Porque tenían justo las tres
cosas que más excitan la imaginación humana. Eran una novedad,
eran una rareza y daban estatus. Y cuando algo reúne
esas tres cosas, el deseo se dispara. Y la gente
empezó a pagar cantidades absurdas por bulbos de tulipán. En
algunos casos, hasta 10 veces el sueldo anual de un trabajador
por un solo bulbo de tulipán. 10 veces el sueldo
de un año por una flor.¿ Qué pasó? Pues que
en un momento determinado esa fiebre se vino abajo y
esa locura se ha quedado como uno de los ejemplos
más importantes de lo que es una burbuja especulativa. Y
ese mecanismo no desapareció con los tulipanes. Es un mecanismo
que sigue vivo, que se repite, que va cambiando de disfraz,
pero la naturaleza es la misma. Lo nuevo y lo
exótico y que nos da estatus tiene un poder casi
hipnótico para el ser humano. Otro ejemplo. finales de los años 90, Internet,
se despierta un entusiasmo gigantesco. Por cierto, no es para menos,
porque evidentemente Internet es un invento que lo ha cambiado todo.
Pero el problema fue el salto irracional que hizo la
mente de muchísimos inversores. Se pensaba algo así como que
cualquier empresa que tuviera un. com al final, en su
nombre me refiero, pues era una inversión maravillosa. Y ahí
empezó un despropósito, la burbuja de los. com, que básicamente
quiere decir que una empresa puede pertenecer a un sector maravilloso,
pero seguir siendo una mala inversión. Porque que algo sea
importante no significa que sea una buena inversión. O que
algo cambie la historia no significa que sea una buena inversión.
Y a veces el mayor peligro está precisamente en esas cosas,
que son las que nos despiertan mayor ilusión. Y luego
el libro también se pregunta cuánto dinero es suficiente. Y
aquí yo creo que la respuesta que da es bastante acertada.
Dice que si nos comparamos con los demás, pues ya
sabemos que la comparación es una cinta de correr que
no se va a parar nunca. Siempre va a haber
alguien con más dinero, con una casa mejor, con un
coche más caro. Y si usas a los demás como referencia,
lo más probable es que nunca sientas que tienes suficiente dinero.
Por eso hay que mirar hacia adentro. Hay que entender
que cada persona tenemos una jerarquía importante de necesidades distintas.
Por eso ninguna respuesta que des a esa pregunta va
a ser correcta para todo el mundo. Lo más importante
entonces es encontrar tu propia respuesta.¿ Cuánto dinero es suficiente
para ti?¿ Y qué papel tiene que jugar ese dinero?
Porque cuando sabes qué papel debe jugar el dinero en
tu vida, puedes empezar a invertir de una manera coherente.
Puedes empezar a invertir de una forma que sirva a
un estilo de vida que tiene sentido para ti. Eso
da muchísima paz. Si tú, por ejemplo, sabes que no
vas a necesitar tocar ese dinero en 15 años, pues claro,
cuando ves caer al mercado, pues te da un poco
más igual. Por supuesto que no te gusta ver que
cae el mercado y te pone incómodo, pero no te
arrastra porque sabes que hay tiempo, sabes que lo importante
no está pasando hoy ni esta semana. Ahora, si tú
necesitas ese dinero el año que viene, tu estrategia tiene
que ser otra porque el riesgo que puedes asumir no
es el mismo.¿ Existe una buena inversión para todo el mundo?
Pues no. Lo que existe es una inversión adecuada o
inadecuada para la vida concreta de una persona concreta. Y
para eso tienes que preguntarte qué necesitas realmente, qué plazos
tienes y qué nivel de incertidumbre puedes tolerar. La forma
también en la que nombras y en la que hablas
de tu dinero cambia la relación que tienes con él.
El lenguaje ya sabes que no solamente se limita a
describir la realidad, sino que también puede Por eso no
es lo mismo decir tengo unos ahorrillos aquí que decir no,
este dinero es para poder elegir con libertad dentro de 10 años.
O no es lo mismo decir tengo una inversión que
decir no, este es el colchón que va a proteger
a mi familia si las cosas se tuercen. No es
lo mismo decir no, yo voy metiendo dinero en esta cuenta,
no sé muy bien para qué, que decir que estás
ahorrando para pagarles una educación a tus hijos determinada. cuando
nombras bien el propósito, la motivación cambia. Cuando tienes claro
el para qué, entonces resistir la tentación inmediata de invertir
o de vender también te resulta más sencillo. Esto vale
para todo, pero básicamente la idea es que hay muchas
personas que no caen en malas decisiones porque les falta inteligencia,
sino simplemente porque les falta inteligencia una conexión, les falta
entender cuáles son sus objetivos. Y entonces se dejan arrastrar
por el ego o por esa fantasía de dar un
pelotazo con el bitcoin o con lo que sea. Pero
cuando sabes para qué estás invirtiendo, qué plazos manejas y
qué cantidad necesitas, todo eso pierde importancia y empiezas a
tomar unas decisiones que son más coherentes y más serenas.
Al final, como puedes ver, en el caso de la inversión,
como en muchos otros casos, Todo esto va de construir
y de saber cómo construir una relación más madura con
tus propias decisiones. Invertir bien, como vivir bien, como muchas
cosas en la vida, es una práctica que requiere lucidez.
Así que ya lo sabes, una buena inversión no empieza
cuando eliges una acción determinada que vas a comprar o
a vender. Empieza cuando aprendes a observarte, cuando empiezas a
detectar cuáles son tus trampas mentales, tus sesgos, cuando eres
capaz de poner nombre a tus valores, cuando tienes un
propósito para hacer las cosas. Al final, en la inversión
como en la vida, gana el que se conoce mejor,
el que gobierna mejor sus emociones y el que sabe esperar. Bueno,
y antes de cerrar, déjame decirte que escuchar todo esto ayuda,
pero aplicarlo es lo que realmente transforma. Y aplicar casi
siempre es algo que cuesta hacer solo. Por eso existe
Ideas en Acción. Allí en Patreon tienes el acceso al oráculo,
nuestro mentor virtual 24-7. Te dejo su enlace en la descripción.
Y si este episodio te ha servido, pues compártelo con
alguien a quien también pueda ayudar. Muchas gracias, como siempre,
por estar al otro lado y nos escuchamos en el
próximo episodio. Hasta entonces, te mando un fuerte abrazo.